Especial "lo mejor del año 2025" en el que, como ya es tradición, reunimos un puñado cortes, píldoras, caramelos, cancionacas, temazos, albumacos y otras exageraciones editadas a lomos de cualquier formato lanzado en el ya difunto 2025. Le toca empezar a los de fuera, de cuyo equipo hemos sufrido sonadas bajas como las de Ozzy Osbourne, Brian Wilson, Tomas Lindberg de nuestros queridos At The Gates o Brent Hinds de nuestros también queridos Mastodon. Va por ellos y por todos sus compañeros. Al lío.
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| Paradise Lost por Ville Jurrikkala |
Paradise Lost. Ascension (Nuclear Blast, 2025). Sin duda uno de los discos más imponentes del año. Los de Nick Holmes tiran de escuela para lucir majestuosidad a dos bemoles y moldear un trabajo que deslumbra por su elegancia. Bajo una fantástica producción del guitarrista Gregor Mackintosh, y con un excelso Guido Montanarini, el sonido aplastante del metal gótico creado por estos orfebres de lo pesado, capaces de apilar capa sobre capa guitarrera sin afectar a la brillantez del conjunto, sacan matrícula en cortes tan acongojantes como Salvation, Serpent of the cross, Sirens o Silence of the grave.
Agriculture. The Spiritual Sound (The Flenser, 2025). Vamos con un manifiesto por la ruptura de esquemas. Partimos de que estos norteamericanos basan su discurso en la idea del ruido como parte de la depuración. Suena prometedor. Ese Ying Yang está presente en la estructura del álbum, con una cara A que representaría la parte más cruda del engendro, y la B más introspectiva, a la que se suma la mismísima Emma Ruth Rundle en el corte The Reply. Un poco de Venom Prison, una pizca de Joy Division, regamos con Kvelertak y esperamos a que la cosa se reproduzca.
Swans. Birthing (Young God Records, 2025). Sigamos con la revisión de la música como consumo rápido. Olvídense del modo no invasivo en el que sobre un oyente se proyectan estímulos sonoros sin calado, y zambúllanse de lleno en el agujero negro sónico, absorbente y totalmente cautivador de la segunda juventud (que reiniciaron en 2010) del trance rock de los Swans de Michael Gira. Birthing empapa cada centímetro cúbico del cuerpo y del espacio que rodea al oyente, hasta que su percepción alcanza ese otro lado de la alteración de la conciencia que otras experiencias pueden conseguir. Obra maestra.
Turnstile. Never Enough (Roadrunner Records, 2025). Me ha costado dar con la frecuencia pero, haciendo trampas, y caso a la cantidad de publicaciones de referencia que han aupado este disco entre lo mejor del año, me he dado cuenta que este artefacto se escucha en bucle y sin rechazo. Secuela de su anterior Glow On, siguen en eso del desparpajo constante en eso de picotear estilos varios, alejados o no del hardcore, y dejando que jueguen en el mismo patio cosas tan diversas como I Care, Sunshower, la bailable Sole, o ese "patú patú" de Dreaming (con trompetillas incluidas) que fue todo un disgusto de primeras.
The Armed. The Future Is Here And Everything Needs To Be Destroyed (Sargent House, 2025). El caos como punto de partida, vehículo y destino. Me encanta la referencia que se puede leer en la crítica de en Mondo Sonoro "Esta música podría oficiar de soundtrack perfecto para la psicosis que hoy domina a la humanidad". Una barbaridad de trabajo donde todo sucede con sensación de vértigo. Un pogo continuo y loquísimo en el que el hardcore colisiona con el math metal, la chulería de Queens Of Stone Age y el shoegaze de temarracos como Heathen, en un atomizador de estilos de media hora de duración. Gozar.
King Gizzard & Lizard Wizard. Phantom Island (P Doom, 2025). Vigésimo séptimo advenimiento de los australianos que siguen su vuelo work alcoholic, esta vez trabajando sobre la materia prima de los arreglos orquestales para dar una nueva perspectiva a su mundo psicodélico y colorido. Lo de hacerse con los servicios de una orquesta para grabar un álbum puede salir regular si no se tiene cuidado con las dosis, pero nuestros chavales se han guardado de que el carácter sinfónico quedase en el plano del acompañamiento, engalanando todavía más el trabajo con un sonido añejo de rock sesentero, con tintes soul/funk en muchos cortes, la mar de amigable. Brillantes.
Tómarúm. Beyond Obsidian Euphoria (Prosthetic Records, 2025). Y en la estantería de lo oscuro, destellos progresivos que retoman la inercia que en la lista del año pasado dejaron los Blood Incantation. Aunque evidentemente intenso, como obliga un género como el black metal progresivo, todo el caudal de virtuosismo y derroche técnico, también encuentra cauces para cautivar emocionalmente al oyente en una obra ambiciosa, pero en el fondo agradable y gratificante, creo que, hasta para los que padecen fobia a la destreza instrumental. O no. Allá ellos. Una belleza. Discazo.
Deafheaven. Lonely People With Power (Roadrunner, 2025). Tras haber ayudado a levantar alguna que otra comunidad del odio en el "siempre abierto" mundo metalero, puede que estos yankis hayan conseguido el punto de coexistencia entre esa angustia blackaze suya y el flirteo pop. Desde que los conocimos en New Bermuda de 2015, lo suyo nunca fue un black metal al uso pero, contra toda lógica de la teoría de evolución de estilos, da gusto verlos corretear desmelenados entre grititos, guitarrazos abismales y melodías cercanas al pop. Hay cosas muy chulas, por ejemplo Magnolia, Amethyst, o Heathen.
Testament. Para Bellum (Nuclear Blast, 2025). Tampoco hay que ir de innovador de estilos para entrar en esta lista. Las canas tienen galones. Y si se defienden como nuestros adorados Testament, nada que decir, y mucho que alabar. Mientras otros recogen mayores elogios, esta gente sigue lanzando grandes álbumes con una precisión atómica, y reforzando su discurso con brutalidades como la que abre este disco, For the love of pain. Larga vida.
Polizones. Por eso de los espacios colaborativos, dejamos unas cuantas opciones a elegir el décimo elemento de la lista. Disfrutad.
Psychedelic Porn Crumpets, Pogo Rodeo(Whats Reality Records). Salvadores de la edición azkenera de 2025, los australianos continúan arrasando masas cerebrales a palazos de rock psicodélico. Una canción: Salsa Verde; Snooper, Worldwide (Third Man Records). Peña pasada por una insana naturaleza propulsiva que bota a ritmos repetitivos mientras te zarandean entre la electrónica y el punk. Tiene su punto. Un tema: Worlwide; Heartwork, Glutton For Punishment (Speedy Wonderground). Baño de sonidos góticos que nos entrega en Jacket uno de los temazos más tenebrosamente bailables; Brooke Combe, Dancing At The Edge Of The World (Modern Sky UK). Agradabilísimo debut de la cantante escocesa que ya presume de comparaciones con Amy Winehouse y aporta uno de los mejores cortes de 2025, que además da título a un disco, adivinad cual; Imperial Triumphant, Goldstar (Century Media) o cuando la rotura del cristal de protección de tu zona de confort metalera la perpetran unos tipos enmascarados en oro. Dentro de la masa insana de experimentación, os reto a disfrutar con Hotel Sphinx; Die Spitz, Something To Consume (Third Man Records). La llegada de los noventa musicales a nuestros días con miradas a Hole, L7, Foo Fighters, Nirvana y compañía, pero abriendo la puerta a aires burros como en Throw yourself to the sword o Riding with my girls o esa dulzura que es Down on it. Ay que lloro; Thee Oh Sees, Abomination Revealed At Last (Deathgod Cop). Después de protagonizar el directo más absolutamente demoledor del año en la sala Parallel de Barcelona, los de John Dwyer continúan convulsionando y escupiendo punk anfetamínico en su vigésimo noveno disco. Canciones: todas, y si no...la primera, Abomination, que ya de ahí caen las siguientes; Ty Seegall. Possesion (Drag City). Ty Seegall es uno de esos tipos que editan trabajos igual que todos nosotros vamos a la oficina. Su rendimiento es tal que olvidas dónde está la referencia para medir su calidad. Tema: Fantastic Tomb (o Possesion); Ghost. Skeletá (Loma Vista). Dejando de lado la mercantilización de su sonido, es de admirar el golpe de efecto sueco y su facilidad para colar puentes con lo mejor de la melodía nórdica. Una canción: Lachryma.

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