(Viene de Parte I)
Hasta el momento nos hemos dedicado a situarnos en la historia de los vinilos, comprender el modo tradicional de su fabricación, y hacer referencia a un puñado de derrapes neuronales en la utilización de materiales de composición y relleno de nuestros amigos sonoros.
Aunque no hay espacio suficiente para enumerar todos y cada uno de los desafíos conocidos sobre las reglas del prensado y presentación de discos, aún nos quedan en la recámara unos cuantos ejemplos de lo mucho que se puede estirar la mecánica, forma y arte de un simple vinilo como plumaje de reclamo. Vamos con ello.
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| Álbumes incrustados en cajas de cereales, Ye Fan |
Como dejábamos caer en la primera parte, la evolución del vinilo ha conocido distintos tamaños hasta dar con los estándares que hoy manejamos. Este proceso de ajuste, junto al atrevimiento de unos cuantos, ha permitido que en el histórico de tallas convivan rarezas imposibles como discos de poco más de un centímetro de diámetro, hasta las unidades de 50 cm que llegaron a comercializarse a principios de siglo XX por disqueras como
Pathé o
Neophone.
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| Disco de Pathé |
Entre los muy pequeños, en 2021 el sello
Lavender Sweep Records lanzó el sencillo
Why Does Christmas Only Seem To Last Ten Seconds? de la banda punk experimental
The Rusty Nutz con un tamaño
de ½ pulgada (más o menos 1,25 cm de diámetro). Este engendro, como bien rezaba su título, escondía dos canciones de menos de diez segundos, y su manufactura obligó a cortar cada una de las unidades a mano, haciendo que su forma final pudiera llegar a ser algo irregular; subiendo el tamaño, los
hardcoretas Spazz lanzaron catorce copias del
Funky Ass Lil’ Platter 1” Noise EP (Slap a Ham Records, 1996) en forma de vinilo de 1", también con dos canciones en su interior, pero con la peculiaridad añadida de que cada una de ellas se reproducía a una velocidad diferente (78 y 33 rpm);
con el doble de pulgadas (¡2"!), la discográfica australiana Peabrain ofreció durante un tiempo copias de la recopilación ADHD EP (Peabrain, 2014) donde habían conseguido apiñar canciones de diez segundos de bandas locales, en mini vinilos de un bonito color verde, y únicamente obtenibles a través de su fanzine.
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| Detalle de una de las 300 copias del ADHD de Pebrain |
Pero estas miniaturas sonoras conocían un precedente en la industria del juguete. Las muñecas parlantes de los años setenta y ochenta usaban discos de hasta 2,25” de diámetro que se valían de un minúsculo tocadiscos alojado en su interior, accionado por un mecanismo de pila o cuerda. De esos barros, la empresa japonesa de juguetes Bandai creó a principios de los 2000 un pequeño reproductor, al que denominaron 8-ban, desde el que podían escucharse discos de 3” con canciones populares de las series infantiles del momento. Este invento animó en 2019 a representantes del Record Store Day a reunirse con los fabricantes de aquel 8-ban, para que Third Man Records (nuestra discográfica preferida) lanzara su propio mini tocadiscos de nombre Triple Inchrecords, y así dar la bienvenida a una caja exclusiva de seis discos de 3” con una selección de mini singles del catálogo de los The White Stripes.
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Detalle del Triple Inch Records junto a la "mini" colección de discos de los Stripes |
Sin intención de repasar toda la escala de tamaños habidos y por haber, detenemos la cuenta en dos ediciones curiosas. En primer lugar, la que lanzó el artista techno Jeff Mills con el híbrido The Occurrence (Third Ear, 2010), que por una cara funcionaba como Compact Disc, y por la otra como vinilo de tamaño CD, es decir, 4,7”; la segunda rareza se la apuntamos al departamento de I+D de Third Man Records con el single Blue Blood Blues de la banda The Dead Weather, editado en 2010, y presentado en un 12” dentro (dentro (metido (en el interior))) del cual había alojado un 7”, y al que únicamente se podía acceder armado con un cuchillo que lo excarcelara.
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Detalle de muñeca parlante con tocadiscos a cuestas |
Cambiando de variable, la velocidad de reproducción también ha dado para ediciones singulares. Por ejemplo, Jack White lanzó a través de (cómo no) Third Man Records, la loquísima recopilación The First Three Years Of The Blue Series Singles On One LP at 3 rpm, que en castellano sería algo así como: 56 canciones en un disco de 12” para el disfrute del que logre domar la velocidad de reproducción a 3rpm, debido a lo absurdamente rápido que se habían empaquetado los temas. Pero este aumento de velocidad puede hacerse de más maneras. Otro atajo que la velocidad abrió a la hora de colar más minutaje en los discos, fue apostar por la velocidad lineal en vez de la angular. Esta curiosidad merodeó por bares estadounidenses a finales de la década de los 30 gracias a un modelo de Juxbox de nombre "Cinematone Penny Phono", que permitía grabar y reproducir veinte canciones en un disco de doce pulgadas. Con la triquiñuela de la velocidad lineal, el fonógrafo contenía un solo disco que se reproducía a una velocidad cada vez mayor, comenzando en 20 rpm y terminando en aproximadamente 60 rpm, lo que permitía almacenar más minutos (y menos necesidad de discos en la recámara).
Pero no sólo con velocidad podemos alterar la ocurrencia de los hechos, también se puede jugar con la rotación incluyendo más de un centro de giro que obligue a la aguja a deslizarse únicamente por los surcos que su centro geométrico le permita. Por ejemplo, la banda estadounidense Son Lux, editó 89 copias de un disco llamado Lantern Wicks (Joyful Noise Recordings, 2015) con tres agujeros distintos en línea recta, consiguiendo que cada uno de ellos gobernase el giro de un surco (o tema). Pero en esto de los ejes de giro también los ha habido cuya motivación para añadir agujeritos, era la creación sonora (o de ruido). Un ejemplo lo tenemos en el artista “rompedor”Boyd Rice a quien la discográfica no le permitió estampar un orificio extra para la reproducción de su disco Pagan Muzak (Graybeat Records, 1978) por lo que fue él mismo el que ejecutó la perforación, a mano, y pieza por pieza.
Aunque para bricolajes terroristas, hablemos del artista electrónico American Monoxide, aka Dimitri Manos, quien en su disco American Monoxide's Fucked Up Sounds From A Haunted World (The Six Sider) (People In A Position To Know, 2014) proponía el siguiente "Escape Sonoro": Este disco de 10" de seis caras está compuesto por seis anillos de surco distintos. Cada cara tiene un diagrama de Venn de surco en el centro y un anillo corto en el exterior de las 10". Cuando los surcos del diagrama de Venn se cruzan, producen un pequeño sonido de chirrido. Normalmente no saltan, pero puede que necesites ajustar un poco el peso del brazo y el antideslizamiento. Dimitri compuso específicamente un collage sonoro de 16 minutos teniendo en mente este chirrido. Cada Great Six Sider de 10" es algo único, ya que los anillos se cortaron utilizando una parte no específica de la composición de Dimitri y luego se bloquearon en surcos bloqueados cuando termina el anillo. No hay dos anillos ni surcos bloqueados iguales. Ea.

Otra manera de crear estancias sonoras diferentes en una misma cara de un vinilo, es mediante los surcos paralelos, cada uno de los cuales contiene una canción distinta. Un ejemplo es el sencillo del grupo M, Pop Muzik (MCA Records, 1979), que en la misma cara contenía los temas Pop Musik o M Factor, los cuales saltaban a la acción en función de dónde se colocara la aguja reproductora.
Con todo lo dicho hasta ahora, hagamos un alto en el camino para hablar de una de las ediciones más completas en cuanto a freakismo se refiere: La joya de la corona de la “Disquera del Tercer Hombre”, o la Ultra Edition del álbum Lazaretto (Third Man Records, 2014) de Jack White, la cual incluye un sinfín de inventos: bajo las propias etiquetas del vinilo se ocultan dos pistas que la aguja es capaz de leer (una de ellas a 78 RPM y la otra a 45 RPM); la cara A del mismo disco se reproduce desde el centro del mismo hacía afuera (vamos, al revés), y por si fuera poco el surco termina en un loop eterno en el borde exterior. ¿Más? Sí; en la cara B, la canción Just one drink incluye dos intros diferentes (una acústica y otra eléctrica) que varían dependiendo de dónde se deje caer la aguja (Poder del Doble Surco) y escuchar una u otra depende de la suerte o del pulso de cada uno; para finalizar, y salvo que nos enteremos de más, en la cara A, si el vinilo se reproduce bajo la luz adecuada, se proyecta un pequeño holograma del artista Tristan Duke con forma de ángel.
¿Alguien dijo hologramas? Además de
Jack White en
Lazaretto, y unos cuantos
más, la banda sonora de
Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens (Original Motion Picture Soundtrack) Disney, 2015), también presentaba un modelo holográfico 3D que al recibir luz, con el disco en movimiento, creaba una nave flotante que sobrevolaba el PVC; subiendo de dimensión, la aplicación para smartphones que acompañaba el lanzamiento del álbum
Someday World (Warp, 2014) de
Brian Eno y
Karl Hyde (
Underworld), permitía presenciar en modo de holograma pasado por la pantalla de un teléfono móvil, un paisaje urbano en 3D mientras sonaba el vinilo.
Pero para cosas chulas y animadas sobre vinilos, hablemos de los zoótropos. Esta técnica - artilugio, nació en 1834 como un tambor circular con ranuras a través de las cuales el espectador observa los dibujos dispuestos en tiras en su interior que al girar, ofrecen la ilusión de movimiento. Aplicar un zoótropo a un vinilo se basa en el mismo principio, es decir, ordenar una secuencia de imágenes que, ayudándose del giro del disco, cobran vida en una secuencia animada. La cantidad de ejemplos en el mundo discográfico es amplia:
Bonobo añadió a la versión
deluxe de su single
Cirrus (Ninja Tune, 2013) un equipo casero para disfrutar a lomos de un 12”, de un fabuloso zoótropo construido con imágenes del video musical de la misma canción (
acá);
King Gizzard & The Lizard Wizard elaboraron una versión muy espectacular (y limitada) de su
Murder of the Universe (Flightless, 2017) que incluía dos zoótropos, un por cara, con calaveras vomitantes en un lado (Vomit Coffin Edition), y pajarillos con cocodrilos incansables en la otra (
acá también); muy chulo también lo que proponía el dúo audiovisual
Sculpture elevando la apuesta en su
Plastic Infinite (Tapebox, 2014), con un disco que al ser observado a través de una cámara a 25 fotogramas / segundo se convertía en un inmenso zootropo (
ver); o
Kate Bush que remató la remezcla del
Hounds of Love de 1985, con una edición especial de 4000 unidades del single
Running Up That Hill (Fish People, 2013) que incluía un sensacional y elegantísimo zoótropo inspirado en la fotografía de animación del artista victoriano
Eadweard Muybridge.
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| Detalle de Running Up That Hill de Kate Bush |
Pero igual que ocurría con los micro vinilos, el uso de los zoótropos también tuvo un antecedente en el mundo de los juguetes. En los años cincuenta, y hasta la década de los setenta, The Red Raven Movie Records fueron discos infantiles de 78 rpm fabricados en goma de laca, que contenían una escena animada que requería el uso de un espejo mágico que se colocaba en el eje del tocadiscos, sin el cual no se podía apreciar el efecto de la animación.

Vistosos también han sido a lo largo de la historia comercial del vinilo, los discos troquelados con distintas figuras. Ejemplos, muchos: con forma de murciélago, Batman The Animated Series (Mondo, 2014) de Danny Elfman; con forma de plato de bacon... Bacon (A-F Records, 2012) de Anti Flag; con la imagen ilustrada de su protagonista, en este caso Fat Larry, en el sencillo Stubborn Kind Of Fellow / Changes (WMOT Records, 1983) de la Fat Larry's Band; en forma de sierra dentada, como el sencillo compartido entre Ramones y New York Dolls, con los singles Judy Is A Punk / Human Being (Musical Tragedies, 2001), que formaba parte de una curiosa serie titulada Saw Blades, que daba a distintos emparejamientos con este cortante acabado; o el troquelado en forma de puzle de mapamundi que comercializó la banda The Thompson Twins, en el sencillo You Take Me Up (Arista, 1984).
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| Fat Larry troquelado |
Una rara avis dentro del catálogo de formatos menos comunes, fueron, han sido y serán los flexi o flexi discos. Sujeto a variantes, este diseño se compone de un 7” hecho de acetato e incrustado en una hoja del mismo material, que tuvo bastante éxito en los años sesenta como medio promocional o publicitario, debido a su flexibilidad para incluirse entre las hojas de revistas y fanzines. En muchas ocasiones el
modus operandi era enviarlo como regalo por correo a suscriptores, incluso mediante
postales sonoras, (hasta
sellos postales sonoros), y aunque su calidad sonora era menor que los discos al uso, su virulencia y alcance era infinitamente mayor. Un ejemplo, es que en EEUU, a finales de los años sesenta se pusieron de moda flexi disc de bolsillo de entre 3 y 8” con el nombre de la compañía que los comercializaba,
Hip Pocket Records. Tres minutos y medio de música que podían llevarse en el bolsillo, fácilmente enviables e intercambiables, y que podían comprarse en casi cualquier sitio con mostrador por menos de un dólar. Venían en un empaque colorido de aproximadamente 6 1/4 pulgadas de alto por 5 pulgadas de ancho. En él se indicaban las dos pistas y aparecía una foto del artista o grupo.
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| Postales sonoras guardadas en la Biblioteca Nacional |
Third Man Records, nuestra disquera de confianza, y con idea de promocionar el primer disco en solitario de Jack White (Blunderbuss, Third Man Records, 2012), lanzó 1000 flexis con la canción Freedom at 21 atados a otros tantos globos de helio desde la misma sede de Third Man Records en Nashville (EEUU). Habría saber cuántos restos de estos globos (biodegradables por cierto) y sus singles han llegado a manos de alguien que sepa lo que le ha caído del cielo.
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| Lanzamiento de los singles de Jack White sobre Flexi |
Con mimbres parecidos, y desde la Unión Soviética durante la década de los cincuenta, la falta de material para vinilos y la necesidad de sortear a la censura que perseguía la adopción de cualquier guiño a la cultura occidental, dio pie a que se editaran grabaciones piratas utilizando como soporte radiografías médicas. Esta variante clandestina de los flexi discos, también denominadas ribs, bone music, jazz on bones o roentgenizdat, tenían una calidad de sonido pésima, permitiendo únicamente entre cinco y diez reproducciones a 78 rpm, pero un precio asequible y... un agujero canallesco hecho con el calor de una colilla.
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Portada del libro "Los buenos ciudadanos no tienen miedo" de María Reva |
El flexidisco también dio para concursos. A modo del personaje de Willy Wonka, quien puso cinco billetes dorados dentro de sus chocolatinas para buscar el heredero de su fábrica de chocolate, en los libros/película de Charlie y la Fábrica de Chocolate, en 1989 McDonald's sorteó un millón de dólares a quien encontrara el flexidisc con el tono menú de la empresa escondido entre las 80 millones de copias repartidas.
Y ya que hemos llegado hasta el mundo de la alimentación sobre los surcos de un vinilo, terminaremos esta nutridísima entrada, dando cuenta de una moda que se dio sobre todo en los años cincuenta en EEUU consistente en estampar discos en cajas de cereales. La idea surgió de la discográfica Rainbo Records, que junto la empresa alimenticia General Mills, ideó esta curiosa forma de incluir canciones en surcos inscritos sobre el mismo cartón de la caja de cereales, recubiertos de una fina película de plástico, ofreciendo así un premio recortable y económico para los niños. En su apogeo, artistas tan famosos como The Monkees y The Jackson 5 utilizaron este curioso medio de promoción, lo que contribuyó a vender una estimación de 30 millones de cajas de cereales.
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Caja de cereales con música de Jackson Five |
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