lunes, 20 de abril de 2026

Vinilos fuera de lo común (Parte I)

Hablemos de vinilos. Simplificando los formatos, en cualquier tienda de discos podemos encontrar vinilos de 12”, unos 30 cm de diámetro, que alojan los LP (Long Play o álbumes al uso) y que en general se reproducen a 33 rpm; y los vinilos de 7”, un poco menos de 18 cm, dedicados a los EP (Extended Play) y sencillos en solitario, que suelen reproducirse a 45 rpm. Pero si salimos de estos márgenes de cotidianidad, en los apartados de coleccionismo e historia, existen discos fabricados y grabados con una generosa variedad de materiales, velocidad de reproducción y diseños, que suponen todo un mundo de sorpresas. En la entrada de hoy nos dedicaremos a descubrir ediciones de vinilos fuera de lo común que han marcado hitos en el tallado de surcos.

Discos "helados" de Shout Out Louds

Es posible que la frialdad de las plataformas de música en streaming haya ayudado a devolver a los discos de vinilo al gran altar de la escucha de los álbumes de música. Tener en las manos uno de estos artilugios, acompañados de la funda que los contiene, el arte de la portada, las letras impresas...todo esto compone una fabulosa ceremonia que casi habíamos olvidado. Pese a todas las ventajas de la reproducción online (acceso infinito a todo tipo de artistas, disponibilidad instantánea de la música etc.), hemos vendido el alma a la inmediatez sacrificando lujos como el de disfrutar de una calidad de sonido óptima, o el (no tan) simple hecho de sortear una red social que evite que nuestras escuchas alimenten el algoritmo de turno. Sea por lo que sea, es un hecho que las ventas de vinilo llevan a día de hoy 18 años consecutivos creciendo a nivel mundial (según el estudio publicado en 2024 por la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) y los datos presentados en 2025 por Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos), pese a que la escucha en formato físico continúa muy por debajo del streaming (82%). Por dar un dato cercano, la evolución de ventas en España (informe de la Asociación de Productores de Música Española) ha pasado de una venta anual de 140.000 vinilos en 2013, hasta los casi 1.700.000 vendidos en 2024.

No hay que olvidar que hasta los años ochenta, con la aparición del walkman y unos años más tarde de los discos compactos, el vinilo era el principal soporte para la escucha doméstica de música. Su reinado cayó en picado en los noventa, pero nada más estrenar siglo y más concretamente desde el año 2010, la venta de vinilos resurgió hasta el punto de colapsar las fábricas de prensado de nuestros redondos protagonistas debido, en parte, a que los grandes sellos se habían subido al carro de la reedición y comenzaron a interesarse por actualizar los catálogos de sus pesos pesados. Sin ir más lejos, Sony dejó de producir vinilos en 1989, y en 2018 inauguró dos plantas en Japón para atender la creciente demanda.

Cilindro fonográfico de cera de Thomas Edison

Pero empecemos con un poco de historia. Thomas Edison inventó a finales del siglo XIX los cilindros fonográficos que se convertirían en los primeros soportes comerciales para grabar y reproducir sonido. Estos cilindros, que evolucionarían hasta estar fabricados de cera y que se reproducían en un fonógrafo, serían reemplazados hacia 1910 por otros soportes planos conocidos inicialmente como discos fonográficos, o discos para gramófono. La idea era, y sigue siendo, que una aguja discurriese por los surcos de un soporte plano, y las vibraciones de su paso se convirtieran en sonido a través de un sistema de amplificación. Su inventor fue Emile Berniler, quien en 1894 ya vendía discos planos de 7” con música en una sola cara, a través de su Gramophone Company y a una velocidad de reproducción aproximada de 70 rpm. Esta velocidad de reproducción quedó estandarizada por la misma compañía de Berliner en 78 rpm hacia 1910, tomando como referencia la media de velocidades de grabación de los discos que hasta ese momento había comercializado, fijándose también sus tamaños en 10” para los discos de música popular y de 12” para los discos de música clásica y ópera. En aquellos primeros años de andadura, el material de fabricación era goma de laca, un componente bastante rígido, negro por supuesto, y muy frágil, que a lo largo de la literatura y cultura popular ha dado numerosas acepciones erróneas por el desconocimiento del material original, como son las etiquetas de “discos de pizarra” o “discos de acetato”. El cambio a un material más ligero como el vinilo (PVC) se produjo hacia el año 1948 con la aparición de aparatos de música más livianos que incorporaron una evidente mejora de manejo para el usuario. En principio, estos vinilos comenzaron usándose en ediciones de lujo de las principales discográficas como Víctor/RCA o Decca, pero también sirvieron para la promoción de discos infantiles que se vendían como “irrompibles”. Como nota de interés, la creación del sello discográfico V Disc fundado en 1943 con el objetivo de proporcionar discos al personal militar estadounidense durante la segunda guerra mundial, fue un importante impulso en la fabricación de los vinilos a gran escala. Bajo este sello grabaron artistas como Louis Armstrong o Art Tatum, aunque fueron discos que no pudieron comercializarse por ley, y sus másteres fueron destruidos hacia 1949.

La regularización de la velocidad de reproducción tuvo algo más de fricción. Las dos principales compañías del momento (Víctor/RCA y Columbia) luchaban por que su modelo fuese el que prevaleciera: Por una parte estaba el disco de 12” de 33 rpm de larga duración (LP) de Columbia Records; y en la otra esquina, el disco de 7“ de 45 rpm de Víctor/RCA. Ambos formatos acabarían por encontrar un nicho de mercado distinto (33rpm para grabaciones de música clásica, 45 rpm para el mercado de sencillos pop) y la mayoría de los nuevos tocadiscos eran capaces de reproducir los dos tipos, pero este cambio de velocidad de reproducción requería nuevos equipos de música, algo que en EEUU chocó con la gran depresión sufrida en 1929 e hizo que en este país la transición no llegara a profundizar hasta casi la década de los sesenta. Algo parecido ocurrió en algunos países de Asia, como India o Filipinas, que continuaron fabricando vinilos a 78 rpm hasta entrados los años sesenta, alcanzando a varios singles de The Beatles con un diámetro de 10” que actualmente alcanzan miles de euros en internet.

Disco de The Beatles de 78 rpm
prensado en India en 1968

La mejora tanto en el material de fabricación como en la velocidad de reproducción, trajo consigo otro avance: la implantación del microsurco. Los primeros discos de goma de laca, empleaban un surco mucho más grande, lo que sumado a la velocidad de 78 rpm limitaba el tiempo de reproducción de un disco de 12 " a menos de cinco minutos por cara. Los nuevos discos de vinilo distribuían la música sobre surcos mucho más finos, que reproducían por medio de una aguja más pequeña y a una velocidad de 33 rpm, lo que aumentaba la duración de las grabaciones hasta poco más de los 25 minutos por cara. Es cierto que en las décadas de los 60 y 70 se llegaron a grabar discos que superaban los 52 minutos, buscando reducir el espacio entre los surcos, pero esto afectaba al rango dinámico, y por lo tanto a la calidad del producto final. En 1973 el sello discográfico francés de música clásica Magnetic Disc Recording llegó a grabar Los Conciertos de Brandeburgo de Johann Sebastian Bach en un solo disco, con una duración de 114:45 minutos, bajo la técnica de Trimicron, la cual consistía en eliminar el espacio vacío entre cada surco, que más o menos de media tiene el ancho de dos surcos, triplicando la duración de la grabación. El problema es que como decíamos, un surco más fino reduce el rango dinámico (en este caso casi un 40%), por lo que sólo era posible reproducirlos en equipos de muy alta calidad.

Hechas las presentaciones de rigor, nos lanzamos a destacar variaciones de alguno de los elementos típicos de fabricación de vinilos que, bien como reclamo artístico o comercial a la hora de destacar un lanzamiento, han dado a luz ediciones verdaderamente especiales. Comencemos con la materia prima.

En 2011, investigadores del Museo Nacional de Historia Americana, la Biblioteca del Congreso de EEUU y el Laboratorio Berkeley, se reunieron para recuperar grabaciones de sonido realizadas por Alexander Graham Bell entre 1880 y 1885 sobre discos de vidrio. Su principal objetivo era mejorar el fonógrafo de Thomas Edison aventurándose en el soporte plano y utilizando, además del vidrio, distintos materiales como discos de latón o cartón recubiertos de cera. Otra modalidad histórica en el uso del material, ocurrió entre 1920 y 1940 cuando se popularizaron tanto en EEUU como Reino Unido, sellos como Speak-O-Phone, Mivoice, Egovox, Repeat-a-Voice, Remsen o Kodisc, que ofrecían discos de aluminio como soporte para grabaciones caseras que la gente de a pie podía realizar tanto desde cabinas automáticas, desde los propios estudios del sello o incluso (como el caso de la marca Speak O Phone) utilizando grabadoras portátiles de discos. La idea era poder enviar mensajes a sus conocidos a través de estos discos cuyo tamaño oscilaba entre 5, 6, 7, 8 o 10 pulgadas de diámetro, y cuyo resultado final incluía un sobre para enviar el mensaje grabado y algunas agujas de madera, ya que las agujas de acero que se usaban en los fonógrafos de la época dañaban la grabación. Como variante, Voice-O-Graph fue un concepto posterior muy similar, pero utilizaba cartón laminado, que quedó obsoleto cuando llegaron las grabadoras sobre cinta magnetofónica. En cuanto a los discos de aluminio, la mayoría se destruyeron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el aluminio era muy demandado como material de guerra pero, como curiosidad, comentar que en España existe una colección de grabaciones sobre este metal que el musicólogo Kurt Schindler realizó entre 1928 y 1933, recogiendo música tradicional por diferentes localidades españolas. Estas grabaciones se realizaron haciendo uso de una grabadora portátil Fairchild, y se puede acceder libremente a su catálogo digitalizado a través de la biblioteca del CSIC.

Funda con notas manuscritas de una grabación de una canción popular del municipio de Llanes,
perteneciente a la colección  Kurt Schindler de música popular del CSIC

Pero lanzándonos ya (sí o sí) al barro de lo exótico, lo que seguro que a estos sesudos investigadores y folcloristas no se les pasó por la cabeza en sus ensayos, fue lo que se le ocurrió al DJ y productor Breakbot lanzando una edición limitada de 120 copias de su sencillo By your side (Ed Banger Records, 2012) hecha enteramente de chocolate. Por si hay preguntas al respecto, se diseñó con la idea de escucharse una sola vez, y comerlo, o...guardarlo, sin escuchar y sin comer. Añadimos, que si alguien ha sentido la llamada del antojo chocolatero en una expresión de buen gusto, la unidad que ahora mismo está en venta puede ser suya por el módico precio de mil euros en la web discogs

Choco Vinilo de Breakbot

Otros que les dio por una tirada efímera, pero con truco, fue la banda sueca Shout Out Louds, quienes crearon diez cajas especiales que contenían (atención): un manual de instrucciones, un molde y una botella de agua destilada. ¿Apuestas? ¿No? Pues la solución al misterio era poder crear una copia en hielo de su sencillo Blue ice (Merge Records, 2012), y devolverlo a la vida cuando las condiciones ambientales lo requiriesen (vídeo acá). Siguiendo con la durabilidad de las ediciones, la ingeniera y artista Amanda Ghassaei ha jugueteado con las posibilidades de la impresión 3D en la producción de vinilos pariendo la primera grabación casera sobre vinilo de madera del mundo en los surcos de: Idioteque de RadioheadAunque si nos vamos a materiales con resistencia acreditada, aunque poco aconsejables para la fabricación a gran escala, Third Man Records, compañía fundada por Jack White de The White Stripes en 2001 (y a la que volveremos reiteradamente a lo largo de esta entrada), se encargó de editar en 2013 una lujosa edición de la banda sonora original de El Gran Gatsby usando oro (para el disco 1) y platino (para disco 2 (o al revés)), además de vestir a la criatura con una apañada carátula de madera y lomos de aluminio. Ahí es nada. 

Edición de lujo de la BSO de El Gran Gatsby

Otra fumada, esta vez literal, es la que se montaron los amigos del costo, banda a tiempo parcial, y adores del despiporre Slightly Stoopid creando el primer (y único) vinilo completamente fumable del mundo con el single Dabbington (Capsule Labs, 2016). Se elaboró ​​con hachís de burbujas extra resinoso por valor de 6000 dólares, más el precio de prensado y masterización que elevó la nota 1000 dólares más. Sólo se hizo una copia (por lo que fuese). De concepto “parecido”, pero infinitamente más barato, fue la reedición del álbum Dopesmoker (Third Man Records, 2022) de la banda Sleep, que traía consigo hojas de cannabis puras, sin adulterar y auténticas encapsuladas en PVC para crear una edición de lujo "Weedian High-Fi" del álbum. 

Y es que ediciones que han hecho acopio de enseres en el interior de vinilos hay a porrón, pero por citar algunas pocas: Para el Record Store Day (evento anual que desde 2008 se lleva a cabo un sábado cada abril y cada Black Friday en noviembre para "celebrar la cultura de la tienda de discos de propiedad independiente"), la banda Liars lanzó una variante muy cuca de su Mess On A Mission (Mute, 2014), incrustando cuerdas de colores en el interior del vinilo transparente para que coincidieran con el motivo de la portada del trabajo; el Subtle Cruelties (Handmade Birds, 2014) de Barren Harvest, emparedó un elegante relieve de hojas de otoño tras su vinilo (también) transparente; Karen Elson lanzó un especial 7” en formato de vinilo (cómo no) transparente titulado Vicious (Third man Records, 2011), con pétalos de rosa color melocotón prensados ​​en su interior; y en cuanto a alimento, tenemos los discos de miel lanzados por el sello (cero sorpresas) Honey Disco, con vinilos transparentes de 7" de una sola cara, sellados a mano con cera de abeja en la cara B.

Edición "lanuda" del disco de Liars, Mess On A Mission

Así que como vemos, no hace falta cascarse un vinilo de chocolate o hielo para ser la mar de original. Una edición especial del álbum An Island Called Earth (Alcopop! Records, 2014) del grupo británico Emperor Yes, combinaba el material de vinilo con polvo de meteorito (Meteorite infused). Concretamente con una tirada de 100 discos verdes, amarillos y naranjas que contenían fragmentos de un asteroide que impactó contra la Tierra en el siglo XVI; El grupo Eohippus editó el single Getting Your Hair Wet With Pee (Velocity Of Sound, 2014) (ahí van las pistas) en un disco de 7", aderezado con orina y cabellos humanos entre sus caras (Yellow Translucent Hair Filled); Lamentablemente no fueron los únicos, porque los austropirados Private Function también recolectaron su propia orina para que un trocito de ellos formara parte de una (de sus) edición (s) limitada (s) -Gold Edition (guiño, guiño)- de su álbum 370HSSV 0773H (Still On Top Records, 2023). Aunque otras ediciones más agradecidas del mismo vinilo incluían cerveza en su interior, la portada de la primera remesa de todas ellas contenía un "Rasca y gana" donde podías acceder a un premio de 2999 dólares, una prueba de prensado y tu cara en la portada de la siguiente tirada del álbum. 

Ganador de un Rasca y Gana australiano

Más líquidos biológicos que acabaron mezclándose con el PVC de toda la vida fue la sangre de los componentes y colaboradores del disco The Flaming Lips and Heady Fwends (Autoproducido, 2012), entre los que se encontraban Erykah Badu, Chris Martin o Sean Lennon. Todos ellos vertieron su muestra vampírica en una limitadísisima (no parece que hayan existido más de 20 unidades) y carisísima edición del álbum (2500 euros/unidad), bajo la advertencia: “Esto es una edición para fans ricos de The Flaming Lips. ADVERTENCIA: No rompas este sello. Este producto ha sido ideado a modo de objeto de exposición y no debe de ser abierto. En caso de abrirlo, que sea bajo tu responsabilidad. La sangre no ha sido esterilizada. Hecho por freaks en Oklahoma con mucho amor y cariño”. Algo más sangrientas, pero con más sorna, fue la tirada limitada de 300 copias del disco Say Yes to Love (Captured Tracks, 2014) del grupo Perfect Pussy, sobre las que su cantante Meredith Graves plasmó su sangre menstrual; o (esta vez de bromi) los discos rellenos de sangre de xeromorfo, el alien de toda la vida, que recogía la BSO de la película que llevaba su nombre (Aliens -Original Motion Picture Soundtrack (Mondo, 2016)), u otra fantástica y sanguinolenta presentación de la BSO de la película Viernes 13 (Waxwork Records, 2014) que ya alcanza miles de euros en Discogs. Y es que hasta ahora hemos pasamos por alto los vinilos llenos de (simple) líquido, aunque este saco contenga excentricidades como las chulísimas versiones del Polygondwanaland (varios, 2017) de los King Gizzard & Lizard Wizard, que además de un nutrido catálogo de fluidos de colores, contaba con variantes dotados de efectos LED que debían observarse con la ayuda de una linterna adjunta al vinilo; la hipnótica “lava” multicolor que se disfruta (acá) en el single Greener Grass (Beyond Beyond Is Beyond Records, 2014) de Worthless; o el single Sixteen Saltines (Third Man Records, 2012) de Jack White, relleno (en principio) de un viscoso material azul, que por defeco de fabricación acababa desparramándose por fuera. 

Si se fijan bien, la mayoría de estas ediciones se produjeron en la década de los 2010, con un auge del coleccionismo que llevó a cosas tan desquiciantes como que mega bandas como Pink Floyd, Metallica o Gorillaz descubrieran que los coleccionistas traficaban con versiones no oficiales de sus discos inyectadas en colores líquidos, mientras la población se volvía loca buscando los originales, o incluso la primera copia pirata de la cadena.

Primer plano de la sangre de los colaboradores de Flaming Lips

Otros fluidos juguetones, y cuya unión invita a la exaltación de la amistad, son los que la banda Tennesse Jet combinó en la edición Crow & Coke de su álbum Reata (Fonoflo Records, 2017) y en la que alguien vio claro lo de apañar dos cavidades en el interior del vinilo para alojar Coca-Cola real y Whiskey Old Crow (no inflamable, eso sí). La oda al bebercio continuó con otras ediciones del mismo trabajo en las que apostaron por el Whisky Rojo, Jack Daniels, un Texas Tea (que desconocemos si era un derivado del aceite de petróleo, un licor, o todas las anteriores) e incluso peniques, que con algo hay que pagar toda la ronda. 

Volviendo a cosas que pueden acabar en un vinilo: uno mismo...entero. La empresa británica And Vinyly ofrece el servicio de prensar las cenizas de una persona fallecida o de un ser querido en un vinilo transparente de 12” con música o cualquier audio de su elección. No es superable. Al lado de esto, el acto de la banda Hellmouth quemando una biblia alemana del siglo XIX y prensando las cenizas en 33 copias de su álbum Gravestone Skylines (Paper+Plastick, 2010), queda descolorido. 

Para ir saliendo de este embrollo en el que nos hemos metido con esto de los materiales de los vinilos, nos despedimos con lágrimas, concretamente las que inyectaron los Fall Out Boy en la edición limitada de cincuenta unidades “Crynyl” que celebraba el lanzamiento de su disco So Much (For) Stardust (Fueled By Ramen, 2023) y que alojaba lágrimas reales del artista Pete Wentz diluidas en una solución diseñada “sónicamente”. Para muy sentimentales, el paquete incorporaba un dispensador de pañuelos. Todo pensado.

No se vayan muy lejos, seguimos en la parte II.

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