Hablemos de vinilos. Simplificando los formatos, en cualquier tienda de discos podemos encontrar vinilos de 12”, unos 30 cm de diámetro, que alojan los LP (Long Play o álbumes al uso) y que en general se reproducen a 33 rpm; y los vinilos de 7”, un poco menos de 18 cm, dedicados a los EP (Extended Play) y sencillos en solitario, que suelen reproducirse a 45 rpm. Pero si salimos de estos márgenes de cotidianidad, en los apartados de coleccionismo e historia, existen discos fabricados y grabados con una generosa variedad de materiales, velocidad de reproducción y diseños, que suponen todo un mundo de sorpresas. En la entrada de hoy nos dedicaremos a descubrir ediciones de vinilos fuera de lo común que han marcado hitos en el tallado de surcos.
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| Discos "helados" de Shout Out Louds |
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| Cilindro fonográfico de cera de Thomas Edison |
Pero empecemos con un poco de historia. Thomas Edison inventó a finales del siglo XIX los cilindros fonográficos que se convertirían en los primeros soportes comerciales para grabar y reproducir sonido. Estos cilindros, que evolucionarían hasta estar fabricados de cera y que se reproducían en un fonógrafo, serían reemplazados hacia 1910 por otros soportes planos conocidos inicialmente como discos fonográficos, o discos para gramófono. La idea era, y sigue siendo, que una aguja discurriese por los surcos de un soporte plano, y las vibraciones de su paso se convirtieran en sonido a través de un sistema de amplificación. Su inventor fue Emile Berniler, quien en 1894 ya vendía discos planos de 7” con música en una sola cara, a través de su Gramophone Company y a una velocidad de reproducción aproximada de 70 rpm. Esta velocidad de reproducción quedó estandarizada por la misma compañía de Berliner en 78 rpm hacia 1910, tomando como referencia la media de velocidades de grabación de los discos que hasta ese momento había comercializado, fijándose también sus tamaños en 10” para los discos de música popular y de 12” para los discos de música clásica y ópera. En aquellos primeros años de andadura, el material de fabricación era goma de laca, un componente bastante rígido, negro por supuesto, y muy frágil, que a lo largo de la literatura y cultura popular ha dado numerosas acepciones erróneas por el desconocimiento del material original, como son las etiquetas de “discos de pizarra” o “discos de acetato”. El cambio a un material más ligero como el vinilo (PVC) se produjo hacia el año 1948 con la aparición de aparatos de música más livianos que incorporaron una evidente mejora de manejo para el usuario. En principio, estos vinilos comenzaron usándose en ediciones de lujo de las principales discográficas como Víctor/RCA o Decca, pero también sirvieron para la promoción de discos infantiles que se vendían como “irrompibles”. Como nota de interés, la creación del sello discográfico V Disc fundado en 1943 con el objetivo de proporcionar discos al personal militar estadounidense durante la segunda guerra mundial, fue un importante impulso en la fabricación de los vinilos a gran escala. Bajo este sello grabaron artistas como Louis Armstrong o Art Tatum, aunque fueron discos que no pudieron comercializarse por ley, y sus másteres fueron destruidos hacia 1949.
La regularización de la velocidad de reproducción tuvo algo más de fricción. Las dos principales compañías del momento (Víctor/RCA y Columbia) luchaban por que su modelo fuese el que prevaleciera: Por una parte estaba el disco de 12” de 33 rpm de larga duración (LP) de Columbia Records; y en la otra esquina, el disco de 7 “ de 45 rpm de Víctor/RCA. Ambos formatos acabarían por encontrar un nicho de mercado distinto (33rpm para grabaciones de música clásica, 45 rpm para el mercado de sencillos pop) y la mayoría de los nuevos tocadiscos eran capaces de reproducir los dos tipos, pero este cambio de velocidad de reproducción requería nuevos equipos de música, algo que en EEUU chocó con la gran depresión sufrida en 1929 e hizo que en este país la transición no llegara a profundizar hasta casi la década de los sesenta. Algo parecido ocurrió en algunos países de Asia, como India o Filipinas, que continuaron fabricando vinilos a 78 rpm hasta entrados los años sesenta, alcanzando a varios singles de The Beatles con un diámetro de 10” que actualmente alcanzan miles de euros en internet.
| Disco de The Beatles de 78 rpm |
La mejora tanto en el material de fabricación como en la velocidad de reproducción, trajo consigo otro avance: la implantación del microsurco. Los primeros discos de goma de laca, empleaban un surco mucho más grande, lo que sumado a la velocidad de 78 rpm limitaba el tiempo de reproducción de un disco de 12 " a menos de cinco minutos por cara. Los nuevos discos de vinilo distribuían la música sobre surcos mucho más finos, que reproducían por medio de una aguja más pequeña y a una velocidad de 33 rpm, lo que aumentaba la duración de las grabaciones hasta poco más de los 25 minutos por cara. Es cierto que en las décadas de los 60 y 70 se llegaron a grabar discos que superaban los 52 minutos, buscando reducir el espacio entre los surcos, pero esto afectaba al rango dinámico, y por lo tanto a la calidad del producto final. En 1973 el sello discográfico francés de música clásica Magnetic Disc Recording llegó a grabar Los Conciertos de Brandeburgo de Johann Sebastian Bach en un solo disco, con una duración de 114:45 minutos, bajo la técnica de Trimicron, la cual consistía en eliminar el espacio vacío entre cada surco, que más o menos de media tiene el ancho de dos surcos, triplicando la duración de la grabación. El problema es que como decíamos, un surco más fino reduce el rango dinámico (en este caso casi un 40%), por lo que sólo era posible reproducirlos en equipos de muy alta calidad.
Hechas las presentaciones de rigor, nos lanzamos a destacar variaciones de alguno de los elementos típicos de fabricación de vinilos que, bien como reclamo artístico o comercial a la hora de destacar un lanzamiento, han dado a luz ediciones verdaderamente especiales.
En 2011, investigadores del Museo Nacional de Historia Americana, la Biblioteca del Congreso de EEUU y el Laboratorio Berkeley, se reunieron para recuperar grabaciones de sonido realizadas por Alexander Graham Bell entre 1880 y 1885 sobre discos de vidrio. Su principal objetivo era mejorar el fonógrafo de Thomas Edison aventurándose en el soporte plano y utilizando, además del vidrio, distintos materiales como discos de latón o cartón recubiertos de cera. Lo que seguro que a esta gente no se les pasó por la cabeza fue lo que se le ocurrió al DJ y productor Breakbot lanzando una edición limitada de 120 copias de su sencillo By your side (Ed Banger Records, 2012) hecha enteramente de chocolate. Por si hay preguntas al respecto, se diseñó con la idea de escucharse una sola vez, y comerlo, o...guardarlo, sin escuchar y sin comer. Añadimos, que si alguien ha sentido la llamada del antojo chocolatero en una expresión de buen gusto, la unidad que ahora mismo está en venta puede ser suya por el módico precio de mil euros en la web discogs.
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| Choco Vinilo de Breakbot |
Otros que les dio por una tirada efímera, pero con truco, fue la banda sueca Shout Out Louds, quienes crearon diez cajas especiales que contenían (atención): un manual de instrucciones, un molde y una botella de agua destilada. ¿Apuestas? ¿No? Pues la solución al misterio era poder crear una copia en hielo de su sencillo Blue ice (Merge Records, 2012), y devolverlo a la vida cuando las condiciones ambientales lo requiriesen (vídeo acá). Siguiendo con la durabilidad de las ediciones, la ingeniera y artista Amanda Ghassaei ha jugueteado con las posibilidades de la impresión 3D en la producción de vinilos pariendo la primera grabación casera sobre vinilo de madera del mundo en los surcos de: Idioteque de Radiohead. Para terminar este primer round, Third Man Records, compañía fundada por Jack White de The White Stripes en 2001 (y a la que volveremos reiteradamente a lo largo de esta entrada), se encargó de editar en 2013 una lujosa edición de la banda sonora original de El Gran Gatsby usando oro (para el disco 1) y platino (para disco 2 (o al revés)), además de vestir a la criatura con una apañada carátula de madera y lomos de aluminio. Ahí es nada.

Ganador de un Rasca y Gana australiano
Más partes de uno que pueden acabar en un vinilo. Concretamente, uno mismo...entero. La empresa británica And Vinyly ofrece el servicio de prensar las cenizas de una persona fallecida o de un ser querido en un vinilo transparente de 12” con música o cualquier audio de su elección. No es superable. Al lado de esto, el acto de la banda Hellmouth quemando una biblia alemana del siglo XIX y prensando las cenizas en 33 copias de su álbum Gravestone Skylines (Paper+Plastick, 2010), queda descolorido.
Y para ir saliendo de este embrollo en el que nos hemos metido con esto de los líquidos, nos despedimos con lágrimas, concretamente las que inyectaron los Fall Out Boy en la edición limitada de cincuenta unidades “Crynyl” que celebraba el lanzamiento de su disco So Much (For) Stardust (Fueled By Ramen, 2023) y que incluía lágrimas reales del artista Pete Wentz diluidas en una solución diseñada “sónicamente”. Incluía un dispensador de pañuelos.
No se vayan muy lejos, seguimos en la parte II.




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